sábado, 17 de octubre de 2015

Y un día se fue...




Se ha hecho oficial la renuncia de la vicepresidente Marisol Espinoza a su militancia del Partido Nacionalista (PN), qué es lo que nos debe generar ¿Sorpresa? ¿Indignación?
 En verdad este era un hecho que podría ocurrir tarde o temprano, pero que necesitaba un empujón para que se pudiera cumplir y la prensa y la opinión pública apuntan sus dedos hacia la primera dama Nadine Heredia, personaje que a lo largo de este quinquenio ha pasado de ser percibida de forma humorística, como “la mujer que lleva los pantalones”, a la antipatía y el repudio por su intromisión en la política del gobierno, pero peor aún que sus intromisiones sean erradas y que terminen por afectar más la imagen del presidente.
Regresando al asunto de Marisol Espinoza, este hecho sí tiene precedentes en la historia del Perú. Fue en 1968 cuando Edgardo Seoane, hermano del conocido dirigente aprista, se enfrentó a Fernando Belaunde por el tema del Acta de Talara que terminó con su expulsión de Acción Popular siendo secretario general del partido y vicepresidente de la  república. Esto vino precedido de una serie de desavenencias en el congreso debido a la fuerza de la coalición Apra-Uno y el grupo de más radical de Acción Popular que precisamente encabezaba Seoane. Esta historia no tiene un final feliz, pues  en menos de un mes se daría el golpe de estado y Seoane se pasaría a las filas del velasquismo.
No pretendo ser un profeta del mal augurio y señalar que el final de este gobierno será catastrófico, pero sí demuestra la debilidad de los partidos políticos y la falta de liderazgo dentro del gobierno. Espinoza bien pudo ser una buena presidenta del congreso o una buena presidenta del nacionalismo. Esta idea de que Heredia sea la presidenta del PN muestra la poca confianza que poseen en sus dirigentes como para confiarles el liderazgo dentro del partido y generar a su vez nuevos líderes y potenciales voceros, concejales y congresistas.
Tal parece a un Daniel Urresti hacer ruido en el 2016 y su alejamiento del partido después de una eventual derrota. Y así finalmente pondremos en los libros de historia otro partido de gobierno extinto junto al MDP, la UNO, el PDRP y la UR.

El Frente Juvenil




Ya está confirmado que Veronika Mendoza será la candidata del Frente Amplio para las elecciones del próximo año. Se felicita la iniciativa de que se haya hecho una elección interna para elegir al candidato en donde se ha incluido el debate, pero lo que aún no ha quedado claro y que no han explicado es el hecho de que se hayan tomado casi una semana para realizar el conteo de los votos y proclamar al candidato.
Siguiendo en este punto, me sorprende que este proceso no haya sido supervisado por la ONPE, lo que le hubiera dado un nivel mayor de legitimidad. Con esto la izquierda muestra que aún está lejos de poder quitarse el título de antidemocrática que ha ido arrastrando desde las épocas de Izquierda Unida y del fracaso del congreso de Huampaní allá por los últimos años de la década de los ochenta.
Regresando al tema del debate de precandidatos, que contó con la moderación de Guido Lombardi, los temas fueron casi similares y los moderadores no mostraron mayor esfuerzo en poner en aprietos a los candidatos con preguntas incómodas. Fue más bien un cuestionario en con el que se buscaba reforzar las posturas de la izquierda en conjunto. No hubo un mensaje a la clase media, que será la definitoria de esta elección y que podría inclinarse por Nano Guerra-García.
Este sigue siendo el punto débil de la izquierda que se queda, con permiso del lector para hablar de filosofía, en el mundo de las ideas de Platón. Arma un discurso acorde a la ideología pero pierde de vista la realidad del votante. Si seguimos con esto, veremos a un frente amplio agonizando por pasar la valla electoral como ya ocurrió con la izquierda en el 2006 y 2011.